domingo, 20 de junio de 2010

...en el alma.

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Que sólo fue un beso;
cuanto hierro
no le habrás puesto ya;
ya me pesa en el alma,
casi leo tu pensamiento.

No volveremos a vernos.
Entre tú y yo se extiende
un océano sin orillas.
En nuestro entendimiento
sin palabras
ahora un muro de silencio.
Y con las manos atadas
caminamos nuestros caminos,
sobre un hilo de recuerdos
que abrasa nuestros pies.

Que no existe el olvido;
cuanta memoria
has fulminado en tu hoguera;
ya me arde en el alma,
de nada te habrá servido.

Nunca serás el mismo.
Como una herida de guerra
que duele en los inviernos,
un tatuaje grabado
que quema con fuego frío.
Y tu cuerpo intoxicado grita
aunque no quieras oírlo,
en tu corazón arruinado
aún hace eco mi nombre.

Kayele
(Las Especies)


1 comentario:

Laura dijo...

Maravilloso poema Kayele. Y ahora que los días se hacen más largos y el fuego se aviva en cada rincón, tu poema es todo un símbolo. Me encantan los versos: "Y con las manos atadas / caminamos nuestros caminos, sobre un hilo de recuerdos / que abrasa nuestros pies." Maravillosa imagen... me sobran las palabras.

Un abrazo enorme para ti, poeta brava de otra poeta brava, con los pies siempre andando en la red de los recuerdos "incandescentes"...

Garabata.