domingo, 14 de septiembre de 2008

Francesillo


Música:
No te mires en el río (Martirio y Chano Domínguez - Coplas de Madrugá, 1997)





"Han entrado los soldados, un piquete de fusilamiento, y se llevan al ciego casi por los aires. El músico va cantando la Internacional. El violín, mínimo barco, pasa de mano en mano, por sobre las cabezas, hasta que cae a los pies de un soldado, que lo aplasta con su bota. El violín aplastado no suena a madera en astillas. Suena a cisne estrangulado, a virgen confesora y mártir y a una cuerda que se desprende con grave nota final. A Rodríguez lo llevan a cocheras, que es ya el sitio de los fusilamientos oficiales."


"Borracho de coñac malo y vino tinto, borracho de muerte y loco de caligrafías, Francesillo, en la pensión, en su cuarto, trata de escribir una carta a su madre contándole cómo ha matado por primera vez, preguntándose (lleva muchas horas preguntándoselo) a quién de aquellos hombre ha matado él: ¿al vinculero maduro, al albañil anarquista y sonriente, al viejo maestro de escuela, a todos, a ninguno? Necesita una imagen para fijar su culpa. Necesita corporalizar su culpa en un hombre, aunque a lo mejor acertó a varios, o a ninguno. Necesitamos conocer a nuestras víctimas como necesitamos ver la cara encapuchada. La muerte tiene que ser de hombre a hombre. Este crimen colectivo, esta muerte anónima se le hace espantable al muchacho. En torno de una cara se puede mimar una culpa, como un amor. Las cartas no le salen a Francesillo. Ya ha tirado varias al cesto. Por los mesones de la ciudad ha bebido vino y ahora en su cuarto bebe coñac malo y nacional. La pensión está sola, quieta, en la tarde de verano. Sólo, allá en la cocina, canta Imperio Argentina en la radio de Emilia, la lela."


"Y Emilia, la lela, aprieta contra sus pechos de virgen necia la cara húmeda y deshecha de Francesillo. En la alcoba de la Emilia, estrecha y como de criada, con olor a bestia joven y desahucios, la Emilia, la lela, se echa sobre el muchacho. Ambos están medio desnudos y la Emilia se ha traído la radio y el coñac. La Emilia, la lela, viola a Francesillo con la violencia y ternura de una osezna o una virgen loca. Por la radio cantan en Sevilla hay una casa y en la casa una ventana y en la ventana una niña que en el río se miraba. Los dos jóvenes se dan besos de coñac, se aman con ardientes lágrimas de coñac y salados besos de lágrima. La carne desnuda de la Emilia tiene un resplandor blanco y nuevo en la penumbra de la alcoba ([...]). Por la radio cantan ahora, a media voz, él vino en un barco de nombre extranjero, lo encontré en un puerto al atardecer, no llore mi niño, no llore, cuando el blanco faro sobre los luceros su beso de plata dejaba caer."


F. Umbral
La leyenda del César visionario (1992)


Música: Tatuaje (Martirio y Chano Domínguez - Coplas de Madrugá, 1997)


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre me sorprendes con tus encuentros poéticos, tus acordes lejanos, tu lírica de viscera desmaquillada.
¡Hermosisimo texto!
Besos
Beni

Kayele dijo...

"Tu lírica de víscera desmaquillada"...

oh, lala, Benito... que boquita tienes...

Besotes!!