miércoles, 5 de diciembre de 2012

Al nacer el día



Me invitaste a una ventana
para ver nacer el día;
como a una muchacha
me sentaste a tu lado.

El secarral de tomillo,
                        romero y lavanda
reverdecía
con el relente temprano;
una neblina inmaterial
lo recubría de incandescencias.

El cielo empañado de color,
            líneas de horizonte,
gamas imposibles...
Un sol imponente
                        devorando los azules;
paletas de malva y rojo
estallándome en el pecho.
Luz de un blanco indefinible,
pura y tibia claridad...
me atravesó como aire,
me mezcló como agua.

Y tú.
                        Callado.
Sólo... en tus ojos... la locura.
Deseo en tu boca bermeja.

Mordí un pedazo de tu corazón, ¡ay!,
con brisa de la mañana.
y me supo a brezo,
a néctar, a alborada,
y me supo a olivo, a entrega,
a tierra dulce y a abejas,
un gusto a savia nueva y albahaca.

Mordí un pedazo de tu corazón, ¡ay!,
con brisa de la mañana.


Kayele
(Las Especies)
 



Música: Red Wine - (Mannheim Steamroller, Fresh Aire 4 - 1981)

domingo, 2 de diciembre de 2012

Perlas de Huxley



Su carrera era la convincente demostración de que, en determinadas circunstancias, el saber arrastrarse constituye un medio más efectivo de locomoción que la marcha erecta, y que los mejores reptiles son, también, los más impostores.

Para un hombre inteligente, nada más fácil que encontrar argumentos que le convenzan de que hace lo que debe cuando está haciendo lo que quiere.

Capítulo II

Todo suscita su correspondiente no. "Creedme que en toda duda sincera hay mayor fe que en todos los credos".

Capítulo I

Aldoux Huxley
Los Demonios de Loudun (1952)

domingo, 25 de noviembre de 2012

Girasoles


Miles de diminutos reflejos
de trigo maduro
que ondean con el movimiento;
así pinta tu pelo:
        lacio
                   y fino
                       y suave;
             dorado.
Y lo embarullo con los dedos,
lo anudo, lo huelo...

¡Hum!
Me traes los campos
            de cereal y girasoles.
Harina, cerveza y pasteles.

¡Hum!
Me da hambre de ti tu pelo:
     comerte los ojos
como dos cerezas,
pan de avellanas,
dulce de leche...


Kayele
(Las Especies)


Música: Kalimankou Denkou (Le Mystere des Voix Bulgares - 1975)





Verte así... tan cerca…
tu rostro niño atónito, paralizado,
fosilizado en edades de hielo,
tu extática mirada
y el son de tu tacto eléctrico.

Me armo de cordura;
    visto de antifaz;
miento.

Oculto esta sangre irrefrenable
y... mis días se llenan
de un latido orgánico y pueril,
y no quiero
                        razonar ya nada.

Que nada importe.

Tú y yo en la nada.

Sobre notas largas
          sin afinar,
               sin acordes.


                          Kayele
                    (Las Especies




No preguntes dónde iremos;
reserva una hora sin dudas
para aparcar bajo la luna roja...
    rondando
    la cintura
                                   de la montaña.


                            Kayele
                     (Las Especies


 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Heidelberg



 
Tiene todos los colores del Otoño,
en tan vastas gamas que es imposible abarcar,
imposible definir:
desde el gris desvalido de la hoja inexistente,
el verde coriáceo de los tejos y los cedros...
a los amarillos explosivos, fluorescentes,
los naranjas y rojos ígneos...
todos mezclados en el aire neblinoso
o sobre la yerba aún esmeralda;
y el sol,
que se arranca impetuoso
reflejando su luz con desdén en la costra nemoral del valle,
creando un albedo de irrealidad y ensueño.
El ancho valle del Neckar,
en cuya ladera se encaraman las fachadas de las casas,
caseríos, mansiones señoriales, palacetes,
todos únicos, todos diferentes,
como inspirados o salidos de una leyenda.

En lo alto de la villa,
coronando el laberinto arracimado del centro antíguo
se alza el Castillo en ruinas,
de piedra encarnada y palpitante,
como dueño y señor narrando su remota historia,
custodiando el jardín, el puente, el río y sus riberas,
custodiando el tiempo con sus innumerables relojes.
Y remoloneando a sus alrededores gorriones,
cuervos, palomas, algún pinzón...
como pruebas irrefutables de un presente ya fugaz,
un instante veloz que anuncia el próximo invierno,
un instante insignificante que las ruinas pueden seguir ignorando.


Kayele
(Lugares)